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En la noche más oscura, cualquier objeto tiene algo brillo


“Hola nena, te escribo por si algún día lo lees. Son las 3 a.m. y la ciudad apesta. Esto suele suceder de vez en cuando, al parecer el mar nos da un ojo por ojo por toda la mierda que tiramos en sus aguas. Recién acabo de despertar, la rutina me tiene un poco exhausto. Tenía dos opciones, prepararme un café y escribirte; o servirme un ‘Jack’ puro y alucinar que escribiré la mejor historia de todas. Opté por lo primero. Hace dos días que no como nada decente. He olvidado el sabor de un buen plato casero, como los que preparaba mamá. De vez en cuando la extraño, la vida no es tan simple alejado de todos. Muchas veces me he preguntado si tuvo sentido huir. Eres el más valiente, hasta que te das cuenta que solo tienes las suficientes monedas como para comprar un pote de mermelada como fiambre. Echo de menos los almuerzos domingueros, las visitas a la abuela, mi cama, al gato, la tranquilidad de que los encontraré al volver por la noche. Pero ahora estoy aquí y prometí no volver hasta tener un nombre. Sin embargo, algo que he aprendido es a no soñar demasiado; no todos tenemos la suerte de cumplir lo que nos proponemos. Tampoco tenemos la fuerza para lograr grandes cosas. Muchos nos perdemos en las olas del olvido, y solo llegamos a ser una multitud anónima. Aquella que cuando enfocan al protagonista se ve borrosa en el fondo, sin que sus ideas sean escuchadas. Subsistir y ya, suena una condena; pero es lo que la gran mayoría obtiene al irse. El truco es encontrar motivos por los cuales no pensar en que mañana serás un día más viejo, y tienes un día menos para cumplir tus metas. Desearía encontrar algún motivo. Si llegas a leer esto, dile a mamá que lo he intentado y lo intentaré hasta que mi cuerpo no pueda más. Dile que por favor me crea.  Me avergüenzo de lo que soy, siempre quise enorgullecerla, pero hasta ahora no he podido brillar. Desearía olvidar que alguna vez la dejé por perseguir mis sueños de grandeza. Desearía volver a sus brazos y no irme nunca más.”


Las puertas del vagón se abrieron. Nos encontrábamos en un andén similar al anterior, al aire libre.

- ¿Qué estación es esta?- le consulté.

- No lo sé, esta estación no existe en la realidad- me dijo mientras ella observaba extrañada el lugar. De su cuerpo aún brotaban ligeras ondas brillantes. Su habilidad era adecuada para la ocasión. A pesar de que estábamos ya en la ciudad, todo permanecía muy tétrico y oscuro. Incluso los edificios cercanos, ninguna de sus ventanas dejaba ver una luz encendida. Los postes que lograba ver desde mi posición estaban encendidos, pero sus bombillas tenían el brillo más opaco que haya visto jamás.

- Quizás solo existe porque debemos bajar aquí. ¿Reconoces el lugar?

- Creo que estamos a un par de calles del puerto.

- Vamos allá.

Caminamos cerca de las vías hasta llegar a la salida, la cual tenía tres molinetes. Los atravesamos sin problemas. Al salir, nos recibió una avenida vacía y sombría.

- ¿Dónde está la gente?- pensé en voz alta.

- Es extraño, pocas veces he tenido un sueño así- me dijo.

- Espera, espera, ¿este es tu sueño o mi sueño?-  le pregunté con el ceño fruncido.

Ella empezó a caminar en dirección contraria a mí, giró y, una vez más, hizo un gesto con la cabeza, esta vez indicándome que la siga. Caminé detrás de ella, guiado por su brillo. No dejaba de sorprenderme el lugar, todo estaba ordenado y limpio. Era como la calle fuera el pasillo impecable de un hotel recién inaugurado, solo que por techo teníamos al oscuro cielo.

- Esto no es Sidney- me dijo secamente, sin dejar de caminar.

- ¿Qué?- dije incrédulamente.

- Es decir, de cierta forma lo es. Pero puede que sea una adaptación desde tu   perspectiva, como si hubiera fragmentos de la ciudad pero unido a otras partes sacadas de tu mente. Tal vez es como tú crees que es la ciudad, unido a lo que yo conozco.

- Eso quiere decir que es mi sueño.

- Sí, pero a pesar de eso, yo tengo libertad para moverme, decir y hacer lo que desee. Incluso puedo tener la habilidad de la luz. Entonces, también es mi sueño. Pero tienes una gran influencia dentro de él.

- Sigo sin entender.

- Cuando dije que estábamos a unas calles del puerto, en realidad ni siquiera había terminado de reconocer el lugar. Solo lo sabía. ¿Sabes por qué?

- ¿Un golpe de suerte? Bueno, yo siempre quise ir al puerto de Sidney - susurré en voz baja.

- ¡Exacto! Es un deseo tuyo, y estas encaminando este sueño con esa dirección.

- Entonces si tú me dejaras aquí tal vez no llegue al puerto nunca y dejaría de ser un intruso.

- Quizás, pero no lo haré.

- ¿Por qué?

- Pues me da curiosidad lo que encontraremos allí- dijo soltando una carcajada.

- ¿Cómo sabes que esta ciudad no es la original?

- He estado demasiadas veces aquí como para poder notarlo- me respondió muy segura de sí misma.

- ¿Has soñado con otras personas al azar?- caminé con pasos largos con el fin de alcanzarla y hablarle mirándola a la cara.

- Obviamente que sí, pero nunca he podido compartir acciones tanto tiempo. Siempre solo son conversaciones fugaces y dichas personas, al ser secundarias en mi sueño, solo tienen acciones específicas. La historia es ‘Yo siendo ayudada por esas personas’ no ‘Esas personas ayudándome a mí’. En este sueño, a pesar de todo, la historia es ‘Tu siendo ayudado por mí’. Creo que por eso tienes más influencia en lo que ocurre.

- Pero solo es perspectiva, también puede ser ‘Tu ayudando a un extraño’.

- Mejor no ahondemos demasiado en esto. Ni siquiera es normal que estemos aquí. ¿Cuántas personas conoces que puedan visitar a este mundo tal como lo hacemos nosotros?

- A nadie le cuento sobre estos sueños – respondí.
Al oír mi respuesta, ella dejó de caminar y me miró atónita, o eso pensé hasta que noté que ella no tenía los ojos fijos en mí. Giré la cabeza con dirección a lo que ella estaba observando, y allí estaba la razón por la cual frenó. Al otro lado de la calle un escaparate rompía el tono lúgubre del lugar. Su luz era un mosaico de diversos tonos dorados. Era como si nos estuviera pidiendo que, por favor, lo vayamos a observar. Yo no lo había notado hasta ese entonces.

- ¡Eso no estaba allí! lo habría notado desde la entrada de la estación- dije pasmado.

- ¿Sigues buscándole lógica a todo esto?- me cuestionó.

Las ondas brillantes que desprendían de su cuerpo se disiparon. Avanzó en medio de la calzada a paso apresurado. Yo una vez más, fui tras ella. A medida que nos acercábamos, logré notar que el marco del escaparate estaba hecho de algún tipo de madera pulida y tallada en forma de olas, lo cual le daba un aspecto antiguo, pero muy cálido.

- ¿Puedes ver algo?- pregunté.

- Espera, se está aclarando el interior.

Ambos estábamos ansiosos de saber que nos revelaría aquel exhibidor. Poco a poco la luminosidad imperante se atenuó, dejando ver nítidamente el interior. Y allí estaban esos objetos tan perfectos, tan nuevos, tan reluciente; como si recién hubieran sido fabricados y puestos a la venta. Estuvimos en silencio unos segundos, sin despegar nuestros ojos del vidrio.

- ¿Qué rayos? ¿Qué son esas cosas?- ella exclamó, rompiendo su serenidad.

- Te iba a hacer la misma pregunta – le respondí absorto.


Los dejo con el tema Soñé, versión Unplugged, de la banda mexicana Zoé.

Les escribió Joss!, quien al fin se graduó.





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Tiempo

“Y son las voces en tu cabeza ahora.
Diciendo que hay algo malo en la forma en que me siento
Un eslabón roto, una pieza faltante, una rueda pinchada.”

The Way I Feel - Keane


Esperar ocho años es demasiado tiempo. Lo podría hacer en siete, o seis. Tal vez a fin de año, o el próximo mes. Las decisiones que uno toma son caminos que se deben imponer al miedo. Quizás en una hora, o en la madrugada cuando el frío nace. Sino temprano, antes del desayuno.

Tal y como sucede cuando uno se va de una casa ajena, me despediré agradeciendo por lo que se me ofreció. Muchas sonrisas verdaderas, música que bailé, perfumes de los que me enamoré. Usaré el excusado por última vez, me peinaré el cabello para salir bien arreglado. 

De seguro estaré temblando antes de irme -de solo pensarlo se estremece mi cuerpo- me miraré al espejo y sonreiré. Puede que vea a todos los seres que quiero o quise alguna vez, pero ninguno pondrá objeciones. 

¡Debería ser rápido, sin ser tortuoso!

Miento. Debería doler para entender el castigo que el mundo ejerce sobre quien se cree valiente, pero en el fondo solo es un cobarde. Muchos criticarán, por el libro que nunca se publicó, el concierto que nunca se tocó, el título que nunca se consiguió; mas luego de unos días callarán y entenderán que los objetivos se multiplican por cero cuando llega el momento. Mi canción favorita me sumergirá bajo el agua empozada en una cama. Allí pretendo soñar un poco a costas del tiempo; mientras contemplo como la vida se escurre entre mis manos y tiñe de rojo aquel océano en miniatura. Luego cerraré mis ojos, los cerraré fuerte y no los abriré más.

Mi mente buscará culpables, pero la verdad es que ni la decadencia del invierno, ni las personas que pudieron hacer algo tendrán la culpa. Es mejor pensar que será por iniciativa propia. Siempre ha sido así. La historia siempre estuvo escrita de esa forma. No puedes cambiar una línea de un libro ya impreso.

Quizás en dos años o diez. Tal vez en once meses o tres. Puede que llegando a casa por la noche o una tarde cuando nadie, a parte de mí, allí esté. 

No importa mucho el tiempo, pero lo haré.



Los dejo con la última canción de una de mis bandas favoritas, Keane: The Way I Feel.


Les escribió Joss!, quien al fin acabó la universidad, pero sigue con el tiempo en contra.











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¿Por qué lloran?


El alba despertó con un disparo, y su hermosa sangre caliente y borboteante derritió la nieve en el campo. Esta penetró a la tierra hasta adoptar a tres semillas, a las cuales abrazó como si fueran sus hijas. Les dio amor hasta sentir que ellas podían andar solas. Así lo hicieron, crecieron hasta ver al fin el cielo. Aún no había amanecido. Eran tres rosas rojas, las únicas con vida en medio de la campiña. En sus espinas guardaban dolor, sus raíces estaban impregnadas de sufrimiento. Eran hermosas, pero no pudieron contener su llanto. Mil lágrimas se abrieron paso entre la miseria y llegaron al camino. Un niño perdido logró escuchar los lamentos; sin dudarlo siguió el desvío. Tres rosas rojas, rojas como la violenta muerte bajo una máscara, le dieron la bienvenida en medio de sollozos.

-¿Por qué lloran?- preguntó el pequeño.
-Nosotras somos hijas del martirio- respondieron las tres gemelas.
-¿De quién?
- De aquella joven que confió en el amor equivocado.

Los gritos de una madre desesperada se escucharon en medio de la brisa congelada. Repetían un nombre, una y otra vez, con una voz quebrada y cansada.

- ¡Te están buscando!- exclamaron las rosas.
- Alguien también debe estar buscando a la madre de ustedes, ¿está muy lejos de aquí?- consultó el infante.
- Ella no se ha ido, ella sigue aquí, oculta a nuestro lado. Nos cuida y nos mantiene vivas.

El crío quitó una gruesa almohada blanca en la cual los tallos se recostaban. Allí estaba: Cabellos rubios y la piel más fría que el invierno. Su rostro mostraba una lóbrega sonrisa dibujada sin labios. Sus ojos eran dos cavernas de infinita oscuridad.

- ¿Esto significa confiar en el amor equivocado?- cuestionó el niño.

Las tres rosas rojas siguieron llorando.


Últimamente he tenido varias pesadillas.
Los dejo con Brucia La Terra, interpretada por Andrea Bocelli.
Les escribió Joss! Quien está en medio de exámenes.



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a 14 679 km






“Hola nena, te escribo esto por si algún día lo lees. Ya es de madrugada otra vez. He pasado varias horas cantando. Creo que seguiría cantando hasta que mi garganta sangre y pierda la voz. Me siento vivo. Quizás lo hago mal, pero me gusta hacerlo. Me gusta mejorar. La música es un medio de escape. Los días son menos duros así. Creo que la mejor profesión que podría tener es la de soñador. Hoy en día no dan ni un duro por los soñadores. Solo venden los realistas. Esos que van a clases contentos por su futuro puesto de trabajo. ‘Estudia algo que pague las cuentas’; ¿podré soportar una vida así? Es fácil pensar desde un escritorio. No obstante, es difícil imaginarlo cuando estás en la cama, a las tres de la mañana de un miércoles; sin poder dormir. ¿Qué sigue después? ¿Una familia? ¿Trabajar para mantenerla? Muchas veces he pensado en suicidarme. Creerás que es muy egocéntrico y megalómano de mi parte. Entiende, no soporto la idea de ser nadie en la vida. Nadie importante. Un ser irreconocible. Mucha gente se conforma con un buen empleo, un título, en formar una empresa, en formar un hogar. Pero hay quienes hemos nacidos sedientos de grandeza, una ambición que jamás podemos aplacar. Me siento enfermo con estos pensamientos, sé ocultarlos bastante bien. Me gusta sincerarme contigo, últimamente no existe mucha gente en quien confiar”.


Mis ojos se abrieron repentinamente. Sabía que estaba sucediendo otra vez. Yo estaba parado en medio de un andén de metro al aire libre. El cielo era de color azul oscuro sin ningún astro. Un par de postes eran los únicos objetos que iluminaban el lugar. No tenía noción del tiempo. Ignoraba si era el final de la tarde o el inicio del día. Miré a mí alrededor, estaba solo. Caminé unos pasos con dirección a una estructura que, a mi parecer, era la salida. De pronto, una fuerte voz estremeció el silencio del lugar.

-       ¿Te encuentras bien?

Creía no tener compañía, pero allí estaba ella, parada al otro lado de la vía. Alta, blanca, cabello castaño y con pecas. La he visto alguna vez. No recuerdo dónde.

- Sí, creo. ¿Dónde estoy?- respondí poniendo mis manos cerca de mi boca a modo de altavoz.

-  No lo sé, ¿dónde te quedaste dormido?- la joven volvió a preguntar imitando el gesto que hice con mis manos

- Creo que en mi habitación. Pero yo me refería a dónde me encuentro aquí, “en este mundo”.

-  Bueno en ese caso, tu estas en la estación Richmond del metro de Sidney, Australia.

Me quedé atónito por un momento, y no fue porque estaba a más de 14 mil kilómetros de casa. Yo tenía un amigo de la infancia, Alex, que vivía desde hace muchos años en el país de los canguros. Cada vez que podíamos nos comunicábamos, incluso él ha regresado unas cuantas veces a Perú de visita. Hace un tiempo Alex me contó que salía con una chica bastante peculiar que conoció en uno de sus trabajos. Me mostró algunas fotos de ella, pero hasta la fecha no había tenido la oportunidad de conocerla más de lo que las redes sociales permiten. Tampoco fue algo que me haya interesado. Empero, ahora esta muchacha se encontraba allí, en medio de mis sueños. O tal vez yo estaba en medio de los suyos.

-       La verdad es que no sé qué hago aquí. ¿Me puedes ayudar?- dije, usando una vez más mis manos como amplificadores de sonido.

-       Claro, espera a que cruce- me respondió ella en voz alta.



La joven alzó su brazo hasta la altura del hombro, con la mano completamente cerrada, formando un puño. Una esfera de luz se concentró delante de ella, con el movimiento de su extremidad lo dirigió hasta la vía que separaba nuestros andenes y al abrir repentinamente su mano, la bola se extendió hasta formar un pequeño puente brillante, hecho solo de luz. Luego ella lo cruzó caminando tranquilamente.

- ¿Cómo rayos has hecho eso?- pregunté, completamente sorprendido por lo que acababa de ver.

- Es un truco que aprendí estando aquí- me respondió.

- ¿Yo también puedo hacer eso?- cuestioné una vez más.

- No lo sé, ¿lo has intentado antes?

Levanté mi puño derecho e hice presión. Mi brazo empezó a temblar. No sucedió absolutamente nada. Ella me miró incrédula.

- Bueno, lo intenté- dije mientras bajaba mi brazo.

- Muchas cosas en este mundo solo son reflejos metafóricos del mundo real- me dijo mientras concentraba una pequeña esfera de luz en su dedo índice, para luego desvanecerla al mover su mano

- ¿Qué significado tiene la luz?- le pregunté.

- Cuando el sol no alumbre más, las personas con luz en el alma serán quienes guíen a los demás en medio de las tinieblas- me respondió mirándome fijamente.

- Eso sonó tenebroso.

- ¿Necesitas mi ayuda?

- Supongo que sí, nunca he estado aquí.

- Deberíamos ir al centro- sugirió ella.

- No es mala idea conocer esta ciudad.

- Subamos al metro.

- ¿Cuál...?

Giré mi cabeza y observé como un vagón de metro se acercaba a la estación por la vía. Su velocidad fue disminuyendo hasta quedar totalmente estático frente a nosotros. Las puertas abrieron de par en par. El interior era oscuro, apenas podía distinguir los asientos. Ella subió y dio media vuelta. Cerró los ojos unos instantes. Un aura ligeramente brillante envolvió su cuerpo e iluminó parcialmente el vehículo. Luego volvió a abrir los ojos. Hizo un gesto con la cabeza, indicándome que suba. Yo abordé el vagón. Las puertas se cerraron a penas puse mis dos pies adentro. El metro empezó a avanzar. Nos sentamos en unos asientos cercanos a una ventana. Ella mantenía el brillo en su cuerpo. No lo demostré, pero seguía sorprendido por aquella habilidad. De pronto, una interrogante surgió inesperadamente en mi cabeza.

- ¿Tú vives en este lado del mundo? ¿Verdad?- interrogué.

- Si, pero no en esta ciudad- me respondió con voz calmada.

- Pero sí en este país.

- Eso sí, ¿por qué?

- ¿Cómo es que hablas el español tan fluido?

- No busques mucha lógica a lo que sucede en este momento. Estas soñando ¿lo recuerdas?



Se aproximan mis exámenes parciales. Cada vez huelo más cerca el final de mi carrera. Al fin.
Los dejo con la banda australiana INXS y su canción “Never tears us apart”
Les escribió Joss! 




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Las cosas que haces cuando no tienes inspiración


"Hola nena te escribo esto por si algún día lo lees. Estoy durmiendo en medio de fantasías, pero mis sueños están a punto de hacerse añicos una vez más, y no tengo con quién hablar.
Algunas veces me he preguntado si estoy condenado al fracaso, a morir en los canales del olvido. Tal vez no sea lo suficientemente bueno en lo que hago. Cada día me vuelvo más viejo, y no he conseguido nada de lo que me he propuesto. Los años pasan por mi cuerpo y mi rostro, así se acaban mis esperanzas de sobrevivir al final. ¿Es momento de resignarme y ser una persona más en medio de la muchedumbre esperando su lenta decadencia? Busco las oportunidades, he sido bastante osado para enfrentarme a mi destino. Sin embargo, un vez más he tropezado, y cada vez es más difícil levantarse con la fatiga a cuestas.
¿Pero sabe qué nena? No deseo huir. No pienso escapar esta vez. Me queda poco tiempo al fin y al cabo. Me romperé los huesos que me tenga que romper y golpearé las caras que tenga que golpear. Después de lo que he vivido tengo claro que solo existen dos opciones para mí: o morir siendo un desconocido, o mantenerme vivo para siempre con el legado que puedo dejar.  Perdóname si nunca toco en el club Paradiso como prometí. Pero si lo logro, espero de todo corazón verte en medio del público.
Por cierto nena, no por iniciar un viaje sin rumbo significa que estarás perdida, es bueno dejarse sorprender por el universo. Si deseabas trepidaciones en tu corazón y aventuras que contar a tus nietos, traza un objetivo, mas no te preocupes mucho por el camino que te llevará a él. Toma los desvíos, súbete a los buses equivocados, pierde los vuelos; has todo lo que no harías, hazlo feo. Pero por favor, cuídate".




Terminé de escribir la carta las 3 am, y me quedé viéndola por varios minutos. El lapicero había dejado involuntariamente pequeños cúmulos de tinta en algunas letras escritas. Era un lapicero barato, así como lo que escribía y componía. Necesitaba seguir trabajando, y lo único que había hecho desde el día anterior era esa vulgar carta. El silencio en el ambiente era absoluto, la soledad enfriaba cada rincón de mi habitación, a la vez que por la ventana me saludaba la infinita oscuridad de la madrugada. La automotivación generada por la carta se esfumo en medio de cajas de cigarrillos regadas por la habitación. Quiero creer que es solo una pausa, y cuando me recueste en mi cama solo será para encender el fuego en mí. No puedo inspirarme, me encuentro demasiado nervioso. Me estoy destartalando, y todo con lo que siempre he soñado, solo serán fantasías de medianoche. Pensar cada vez es más complicado. Necesito una dosis de irrealidad.

Un impulso eléctrico mueve mi mano derecha hacia uno de los cajones del escritorio. Luego rebusca entre hojas y útiles hasta que al fin encuentra el tesoro: un blíster lleno de Alprazolam. Mis manos lo doblan y libera lentamente a una de las pastillas. Después, liberan a tres más. Me las trago sin agua, ya está acostumbrado mi paladar. Pasado un corto tiempo, me recuesto con la vista nublada. El foco en el techo se desintegró en pequeños puntos de luz. Cada objeto que me rodea se convierte en polvo. Poco a poco, la espesa negrura del exterior se abre paso en mi estancia y me envuelve en un manto mucho más helado que la misma noche. Ya no puedo ver nada, no puedo sentir la cama en la cual mi cuerpo reposaba. Estoy en caída libre. Tengo miedo cada vez que ocurre todo esto. Sin embargo, me encanta lo que sigue después.


Es complicado tener continuidad en la escritura. Pero hago lo que puedo, aprovecho en escribir borradores cuando tengo tiempo libre, los cuales pulo después. Supongo que si algo te gusta debes hacerlo constantemente. Escribo constantemente, pero no todo lo que hago es válido para ser publicado. Una vez que me deshaga de la universidad creo que podré desempeñar mejor mi papel.

Los dejo con Hard Enought de Brandon Flowers, vocalista de The Killers. Un trabajo solista bastante interesante.

Escribió Joss!, quien está jodidamente ocupado con su último trabajo de la carrera.



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Ahora es así

03 de junio del 2003

Empezó a sonar la música. Estoy alcoholizado. Lo normal para inspirarme: ni tan cuerdo como para ser formal, ni tan sazonado como para olvidar el tema. Siempre necesito un traguito para lograr ver la luz. Debería sentirme romántico a estas alturas de la botella, y hablar sobre amores perdidos, toda la vida lo he hecho así. Pero ya no puedo. Todos mis estúpidos poemas de amor los cambié por canciones y cuentos de protesta, violencia y corrupción. La decadencia de una sociedad que nos ultraja todos los días. Sobre eso cuento ahora. Sobre eso hago música ahora. Suele ser una vía de un solo sentido, no es fácil ir y volver de la miseria humana. Sin embargo, me gusta ensuciarme los zapatos. Empaparme del tema. Sé que esa mierda ni siquiera la haría por mi maldita tesis. Aunque tampoco para realizarla tendría que irme a pelear a algún bar o amanecerme en nightclubs. Las madrugadas son tan frías. A veces, anhelo tener a alguien al lado que me brinde algo de calor en vez de caliche combinado con Kola Real para evitar el raspado. Allí afuera no existe piedad. Siempre lo supe, cada noche lo compruebo. Algunos colegas me han preguntado si en mis incursiones voy armado. Pues la verdad que sí, llevo una vieja Smith & Wesson que compré por un sencillo en Manzanilla a un tipo parecido a Cachay. Siempre aclaro que ese 'fierro' no lo llevo para tomar aires de justiciero. No lo soy, no la usaría para detener un asalto. Yo solo soy un observador. No obstante, cuenta con una única bala, por si alguna vez las cosas se ponen difíciles para mi. Tampoco la usaría para matar a alguien, antes me volaría los sesos, sería más barato que afrontar un juicio por enfriar a alguna basura.  También sería más poético. 

El whisky me está susurrando a los oídos. Ya son tres cigarrillos que enciendo. La calle está dura, sobre eso escribo ahora. De seguro, en estos momentos todos los de la universidad están preparándose para dormir, avanzando con sus malditos trabajos o teniendo buen sexo. Yo me masturbaré un rato para liberar la tensión, luego tomaré mi gabardina, enfundaré mi pistola y me iré. El reloj tiene un ángulo de 90 grados, es momento de hacerle el amor a alguna cantina. Esos cuentos y esas canciones no se escribirán solos.



Calixto.


  • Caliche: Bebida popular en la región Ancash, hecha a base de manzanilla, linaza, lino y otras hierbas mezcladas con ron.
  • Cachay: José Luis Cachay Ramos, conocido cómico peruano.


Y así volví a escribir.

Los dejo con Billy Idol y su clásico Dancing With Myself.

Escribió Joss!, quién no debería abandonar su blog.




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Fragmentos de año nuevo


“Y en la más oscura noche, si mi memoria me sirve bien, nunca volvería el tiempo atrás; olvidándote a ti, pero no los momentos”
Whatsername – Green Day




- Dime, en alguno de los infinitos universos que creamos con cada una de nuestras decisiones, por lo menos en uno de ellos; ¿nosotros pudimos ser felices juntos? Y ya de ancianos terminamos caminando de la mano por un sin fin de calles, mientras recordamos los días cuando éramos jóvenes y recorríamos la ciudad como caballos salvajes orgullosos de su libertad, aquel sentimiento que solo sientes cuando estas al lado de la persona que complementa correctamente tu alma.

- No sé si sirva de algo, pero sí; una de las historias la pudimos escribir juntos. Miramos el mar bajo el nublado cielo de setiembre. Te esperé en el paradero. Pude tomar tu mano. Aprecié tu inspiración. No me decepcionaste, no fui tan dura contigo. Y sonreímos uno al lado del otro, cada mañana, cada tarde, cada noche. Bajo el sol y la lluvia. En la luz y en la penumbra. Por el resto de nuestra vida. En algún universo yo pude ver en tus ojos mi felicidad, la cual en esta vida jamás pude encontrar en ti.

- Solo de saberlo me da paz. Ahora puedo terminar mi historia. Yo alguna vez logré ser feliz contigo y es todo lo que necesitaba saber para sentirme tranquilo. Esta será la última noche que sueñe contigo. Mañana, al fin, olvidaré tu nombre.


Algunas veces nos enamoramos de recuerdos más que de las personas que nos dan esas fotografías del pasado. El tiempo pasa y uno puede seguir enamorado de cómo se sintió en aquellos momentos a su lado, pero olvida que aquél ser que nos brindaba tales experiencia está en constante cambio y evolución, al igual que todas las cosas a nuestro alrededor. Llega un momento que ves a esa persona luego de un largo periodo y no puedes reconocer a quien está delante de ti. Tiene la misma mirada, la misma sonrisa, el mismo perfume, color de cabello y timbre de voz; pero en el fondo no logras ver a quien tanto echabas de menos. Los días no pasan en vano y cada luna ha hecho su trabajo. La vida se llevó a quién tanto amabas, y jamás la volverás a ver. Aquella persona ya no existe y no volverá a existir, se perdió entre la nostalgia y el anhelo impregnados en canciones, versos y calles. Todo lo que alguna vez te traía a la mente su recuerdo, pierde su significado. Toda la inspiración que tenías guardada, se desvanece pues quien tienes adelante no es parte de esas noches que pasaste pronunciando un nombre. Esa persona ha cambiado y ya no es el abrazo que tanto extrañabas. Una vez se fue, y quizás no imaginaste que sería la última vez que la ibas a ver. No te despediste, no dijiste todo lo que hubieras querido decir. Eso ya no importa, ella ya no está más. Suena duro, pero el mundo se mueve así. Ahora, puedes elegir entre quedarte llorando a alguien que ha desaparecido para siempre, o ser tu quien ahora evoluciones y empieces a mostrar cambios en tu vida. De seguro que al elegir la segunda opción, estarás a punto de dejar de existir para muchas otras personas que te recuerdan cómo eres ahora. Pero el mundo funciona así, no podemos desafiar al universo.


Los dejo con Whatsername de Green Day, en versión musical/teatral. Es la última canción del disco American Idiot y tema que cierra la obra teatral. Con esta canción finalizo el año. Con dichas notas, inicio nuevas historias. Con los estribillos continuo con mis proyectos. Me queda un año menos de vida, pero un año más para lograr cada uno de mis sueños. Feliz año nuevo 2019.

Les escribió Joss!, quien este año nuevo la pasará en familia (y no embriagándose y colocándose en alguna fría calle de Amsterdam).